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El calçot, el porrón y los castellers, tres manifestaciones que siempre me han gustado por ser tradiciones de gente con raíces y buenas costumbres.

En los alrededores de Valls, en L’Alt Camp y el Baix Penedès, se produce el calçots de Valls Debe su nombre a la manera como se cultiva: las cebollas se calzan (calcen), cuando se cubren de tierra. Para probarlas, nada mejor que una calçotada a finales de enero, cuando se celebra la famosa “Calçotada de Valls”; muy cerca de esta ciudad vengo con mis buenos amigos y excelentes Chefs, Mariate, José Mª, Mireia, Joan, Manel y Carlos.

El punto crucial es el color de la cebolla y la salsa. De esta, lo más importante y difícil a la vez, está en la mezcla de sus ingredientes, teniendo en cuenta que cada familia tiene su propio «pequeño o gran secreto» para su elaboración. A partir de ella pueden hacerla más o menos espesa, más o menos picante, más o menos dulce, etc. -secreto bien guardado de quien se precie y le aprecien-, hacen de este plato uno de los de más éxito y porque no decirlo, sabrosos de la cocina tradicional catalana.

Alcachofas y Escalibada, y un poco de carne, todo a la brasa, han seguido a los calçots y, de nuevo he probado el blanco del Penedès, excelente; he elegido uno bien seco, como a mi me gusta. El cava es quien se lleva la palma, ya que la tradición de la zona, al menos en esta celebración, es tomarlo en porrón. De Postre, avellanas de Reus, higos secos, un pastel de almendra muy suave, sin olvidar la Ratafía de Dolors, la dueña del lugar y, donde estos amigos me han traído y han elegido con acierto y buen gusto.

Tras una larga y muy jugosa sobremesa, damos un paseo por los alrededores de la masía; entre alguna broma y comentarios varios de lo que hemos hecho desde que salimos de Barcelona: mercado, feria de artesanía, sardanas, concurso de salsas para Calçots, comida, vuelvo a apreciar el olor a limpio del ambiente mientras me coloco bien el sombrero, me ajusto la bufanda y me pongo los guantes; hace frío.

Regresando a casa pasamos por El Baix Llobregat. Alguien, no recuerdo quien de los que íbamos en el monovolumen, comenta que las alcachofas que hemos probado son de esta zona; famosas por su sabor y textura. Mireia recuerda los nabos de la Cerdanya que cocinamos la última vez que nos vimos junto con los garbanzos que Maríate compró en uno de sus viajes por la comarca de L’Anoia y que tan ricos le salieron, unos con bacalao y otros con la Escudella i Carn d’Olla.

Joan insiste en recoger varios “potablava“ -pata azul-, son pollos a los que se les corta la cresta y las barbas, y son famosos por su carne melosa. Crecen en el Delta del Llobregat. Jaume, un payes de la zona los ha elegido personalmente, los ha preparado y, tras enseñárnoslos, como si de trofeos se trataran, los envuelve con sumo cuidado y nos da uno a cada uno -todo un detallazo de Carlos-; menuda tenemos con el plato que va a preparar cada uno con su «potablava»

En nada dejo esta tierra donde me he sentido bien, a gusto; donde he aprendido mucho de las personas que he conocido y de las que más he tratado, amigos, conocidos y saludados, como Josep Plà aclaraba. Me cuesta dejarla.

Son junto con los de la Costa Brava, años inolvidables.

Continuaré contándote más cosas

Covadonga


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