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Hoy, al hacer la compra en el supermercado, regalaban calabazas naturales, si la compra superaba una cantidad “x”; me he animado y, sin que me haya costado la torta un pan, he conseguido una de algo más de un kilo.

De camino a casa no he podido evitar ir pensando qué plato podría preparar con la que me habían dado; de ahí pasé al dicho “me han dado calabazas”, recordé detalles varios y, en una espera mientras el semáforo se ponía en verde, vi calabazas en un escaparate; recordé lo aprendido en el colegio: la Calabaza, de la familia de las “Cucurbitáceas”, plantas rastreras a las que pertenecen los melones. Además, la Calabaza, en la cocina resulta sencillo combinarla con alubias, arroz, patatas, con pasta, entre otros ingredientes. Tiene propiedades que quizás te interese conocer; posee un gran valor diurético por su alto contenido en fibra; con su pulpa eliminamos asperezas de la piel; es muy rica en aminoácidos y rica en vitamina carotenos que se transforman en vitamina A en nuestro organismo; también contiene vitamina C, es rica en ácido fólico y tiene propiedades antiinflamatorias; un chollo. Desde el mes de octubre no dejamos de ver calabazas de distinto tamaño y de colores diferentes, están en todo tipo de tiendas en las de “todo a 100”, perfumerías, supermercados, panaderías, centros comerciales y, hasta en la farmacia de la esquina o en el estanco de Clara del cual soy clienta habitual; en nada veremos niños y menos niños, disfrazados para celebrar la fiesta de “Halloween”. “Dícese que con influencia pagana, hay que saber que la palabra “Halloween” deriva del inglés antiguo “All Hallows’ Even” (es decir, “Víspera de Todos los Santos”, por eso se celebra la noche del 31 de octubre). En cualquier caso, igual de ajena, digo yo, que el turrón navideño (que es un dulce que trajeron los moros a España), las hogueras de San Juan (que festejaban la llegada del verano), las fiestas de la cosecha (con el primer trigo recogido se hacia el pan eucarístico. El cristianismo, tuvo desde sus orígenes un enorme poder de absorción de las fiestas paganas En muchos casos, se adaptaron costumbres ajenas a la fe, pero que servían para explicar las verdades esenciales de los cristianos. Con el paso del tiempo, esas costumbres también influyeron en el cristianismo, que así se adaptó de modo natural en las zonas de misión. Hoy la cultura occidental también se ha globalizado y hay que dar un paso adelante en el diálogo entre la fe y la cultura. Y si dejamos Halloween en manos de iluminados y grandes almacenes (igual que si, por ejemplo, se deserta de los Sanfermines), llegará un momento en el que será imposible aprovechar una “tradición” que ya es imparable. Aprovecharla, por ejemplo, para hablar del sentido de vida y de la muerte y de lo que sigue (¡ah! viejas y olvidadas postrimerías). Con espíritu apaciguado y los deberes hechos*”.

Te iré contando

Covadonga

Con la autorización del autor de “Me gusta Halloween”, de su blog Opiniones Impertinentes


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